El encargado del catering y padre de uno de los estudiantes se presentó en la comisarĂa a las ocho de la mañana: dijo que lo habĂan secuestrado con la plata destinada a pagar el servicio.
A las nueve de la noche, los 54 alumnos de sexto año de la Escuela Agrotécnica de Pergamino igual celebraron el fin de ciclo. La historia de un festejo
El jueves 19 de diciembre a las seis de la tarde, cuando el responsable del catering no atendĂa los llamados, la fiesta estaba caĂda. Algunos estudiantes cenaron juntos esa noche: la escena era de desconsuelo, de desamparo. En septiembre de 2018, luego de regresar del viaje de egresados de Esquel, los padres se habĂan reunido para proyectar la celebración del año siguiente. La noche previa a la fiesta de egresados -quince meses, dos rifas, dos polladas y una bicicleteada solidaria después- no habĂa fiesta de egresados: alguien habĂa despilfarrado los casi 400 mil pesos que se habĂan destinado al catering.
Lo que le pasó a los 54 estudiantes de sexto año de la Escuela de Educación Secundaria Agraria (E.E.S.A.) N° 1 âIngeniero Lorenzo R. Parodiâ de Pergamino es una novela de guión costumbrista con un conflicto, un malo y una moraleja. La historia comenzó el último trimestre del año pasado: padres delegados de los dos cursos entablaron reuniones periódicas para organizar la fiesta de fin de ciclo. Cotejaron presupuestos de cada servicio, votaron, hicieron cuentas, planificaron ingresos, incurrieron en gastos y programaron la cena.
Empezaron con dos rifas: un cajón de comestibles compuesto por alimentos que cada alumno entregaba y un set de belleza -el segundo premio eran mil pesos-. Las acciones eran humildes y el colegio es público. Después polladas -ventas de pollos-. La primera con ensalada en las parrillas del club Centenario, la segunda con papas fritas que los propios alumnos pelaron y cortaron en el predio de una filial de River. Una bicicleteada solidaria fue el corolario de una recaudación que habĂa alcanzado -más aportes individuales- lo estimado: 600 mil pesos, el costo total de la fiesta.
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El predio de La Rural fue lo primero que saldaron con la rifa inicial. Después, mes a mes, fueron cubriendo los pagos al DJ, el fotógrafo y el alquiler de los baños quĂmicos que, por la cantidad de invitados, debĂan disponer. El catering, el mayor gasto, estaba a cargo de Andrés Escobar, papá de Franco, uno de los estudiantes. âEl siempre trabajó de mozo pero nos contó que el año pasado se habĂa largado solo. Se ofreció y nos pareció viable: qué mejor que el papá de uno de los chicos para encargarseâ, le dijo a Infobae Mercedes Laporte, mamá de Ian.
TenĂa que encargarse de la comida, las bebidas, las vajillas, las sillas, las mesas, la recepción, los mozos y el personal de seguridad. Todos los meses recibĂa lo que recaudaban con el propósito de ir comprando de manera anticipada para prevenir las subas inflacionarias. Acordaron un contrato como prestador del servicio y cada vez que percibĂa un monto de dinero se acreditaba con una firma de conformidad. El 16 de diciembre le entregaron el último desembolso: 40 mil pesos a fin de robustecer una suma final de 360 mil.
Las sospechas comenzaron en junio a través de advertencias. âHablamos con él y le planteamos las dudas que tenĂamos en base a lo que algunas personas nos fueron avisando. Nos decĂan que no cumplĂa con lo pactado. Él nos lo negó. âYa estoy congelando los precios de los cajones de pollo, ya tengo el vino pagoâ, nos respondió. Nosotros confiamos porque es el padre de un alumno. Pensábamos que no creĂamos que vaya a dejar mal frente al hijoâ, entendió Flavia Calderón, mamá de Valentino.
El miércoles, los padres acordaron encontrarse al dĂa siguiente a las cuatro de la tarde en el predio de La Rural. Cuando llegaron, no estaban las mesas, las sillas y la leña. El salón estaba vacĂo. Escobar debĂan ultimar detalles en la casa de uno de los organizadores: no fue. "Comenzamos a llamarlo y no respondĂa. AhĂ fue cuando empezamos a mirarnos con los padres pero nadie decĂa nada, solo 'bueno, se demoró ya va a llegar'. A las ocho de la noche, aún no aparecĂa. AhĂ sĂ la preocupación creció. Fuimos a la casa, no estaba nadie. TenĂamos comunicación a través del hijo, que tampoco sabĂa dónde estaba. Y quién iba a pensar esta gran locura siendo el padre de un alumno que estaba en la fiesta, porque era la fiesta de su hijo también, no solo de 54 egresados", exclamó Flavia en una nota que publicó en sus redes sociales.
Esa noche pocos pudieron dormir. El jueves a las ocho de la mañana, el llamado de la ComisarĂa Primera de Pergamino. Escobar se habĂa presentado: dijo que lo habĂan secuestrado y que se habĂan llevado 360 mil pesos. Según el relato de los padres, el hombre siempre se mostraba con una carpeta de cuero. Le pidieron a la esposa que la buscara. âTendrĂan que estar los remitos del alquiler de los los tablones, las sillas. No habĂa hecho las reservas de nada, no habĂa comprado ni seis gaseosasâ, contó Mercedes.
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âCuando apareció el viernes a la mañana, el hijo sabĂa que era mentira lo que decĂaâ, agregó. Faltaban doce horas para una cena que habĂan esperado hace quince meses y no tenĂan comida, bebida, mesas, sillas, platos, vasos, cubiertos, mozos. Sobraba un profundo sentimiento de indignación. Ese mismo viernes algunos padres realizaron una denuncia por estafa y falso testimonio. Flavia explicó que, según fuentes judiciales, Escobar ya reconoció que el secuestro fue un invento y que el dinero lo malgastó.
La incertidumbre habĂa fomentado la pasividad: Escobar y la plata no aparecĂan, los chicos lloraban y se deprimĂan. El cólera de la noticia incentivó la movilización. A las diez de la mañana, un mensaje de Whatsapp cambió el semblante. âQuedate tranquila, los profesores ya estamos preparando la mesa dulceâ, le avisaron a una de las madres. Los docentes cocinaban las tortas, consiguieron manteles, los porteros hicieron la ensalada rusa. âLes cocinamos todo el año, mirá si no lo vamos a hacer para su fiestaâ, dijo uno.
La directora del colegio invitó a alumnos y ex alumnos a participar de una acción solidaria urgente. La cooperadora del establecimiento pagó la comida. El jueves se habĂan comunicado con la empresa que proveĂa el armado de la mesa de los egresados. Escobar no se habĂa contactado. El viernes, la compañĂa donó los platos, las copas, los cubiertos para que la mesa de los estudiantes luciera acorde. "No los puedo dejar asĂ", argumentó el dueño. Los familiares llevaron sus propio vajilla. Aparecieron los tablones, las sillas, el vestido de las sillas, la mantelerĂa, las gaseosas, empresas locales donaron docenas de empanadas, tortas, sanguchitos de miga.
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En los estudiantes afloró el entusiasmo. âLa fiesta se hace, la fiesta se haceâ, escuchaban por todos lados. Pergamino inició una campaña corta y eficiente. Por los medios y las redes sociales, replicaban pedidos de solidaridad para los âalumnos estafados de la Escuela Agrotécnicaâ. Las familias del colegio se pusieron a cocinar. âAlumnos de 4to y 5to año haciendo cosas para llevarle a los egresados, chicos de 14 ó 15 años cocinando para que la fiesta se haga. Son gestos que nunca me voy a olvidarâ, agradeció Mercedes.
Los otros colegios secundarios de Pergamino acudieron en ayuda. Les dieron lo que habĂa sobrado de sus fiestas de egresados: gaseosas, sobrecitos de jugo, lo que sea. Una escuela de Rancau ayudó con tablones y mesas. Ex alumnos del colegio hicieron de mozos, gratis. Una señora ajena al instituto y a los alumnos preparó dos tortas. Esos gestos mĂnimos se reprodujeron en masa. Se necesitaba insumos, logĂstica para transportarlos y manos para administrarlos. âAsĂ, de la nada armamos una fiesta -contó Mercedes-. Nunca en mi vida vi una fila de tantos autos, ni siquiera cuando se hace la exposición rural. La cantidad de gente que llegó al predio toda la tarde fue impresionante. Los profesores se pusieron la fiesta al hombroâ.
El viernes 20 de diciembre a las nueve de la noche, 540 personas estaban celebrando la fiesta de egresados de los alumnos de sexto año de la Escuela de Educación Secundaria Agraria (E.E.S.A.) N° 1 âIngeniero Lorenzo R. Parodiâ. El engaño habĂa inspirado la empatĂa de un pueblo. âYa no creo que recuperemos esa plata -dijo Flavia-. Pero no importa ya. Pudimos hacer la fiesta, salió todo fantástico. Preferimos quedarnos con la solidaridad de la gente que en siete horas nos permitió armar la cena. Rescatamos eso. La bronca queda porque laburamos durante todo un año, pero el consuelo es lindo: hicimos una fiesta inolvidableâ.
En medio de la fiesta, Franco Escobar, el hijo del denunciado por estafarlo a él y a otros 53 estudiantes, cumplió 18 años. Estaba devastado: no querĂa asistir. Sus compañeros lo convencieron de que vaya, respetaron los ensayos del ingreso a la fiesta y le cantaron el feliz cumpleaños ante la mirada incrédula de algunas personas. âLos chicos nos enseñan siempreâ, pensó Flavia una de las moralejas de la noche.
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