Blas Eduardo es el artista chileno que inventó en 1975 un himno de cada fiesta en Argentina. Cómo fue el origen del tema que popularizaron Las Primas en la década del 80 y que su autor compuso para cantar en el seno familiar. ÂżQuiénes eran verdaderamente Antonio y Lupita?
Blas Eduardo Lobos DĂaz la vio escapar sonrojada y despeinada. El timbre la habĂa sorprendido. Cuando se abrió la puerta, entrecerró los ojos y distinguió una atmósfera extraña: vio una situación que ya no estaba, las huellas de la imprevisibilidad de su llegada.
âAlgo raro pasaba porque miré la sala donde habĂa un sillón grande de terciopelo y la tele estaba prendidaâ. Percibió el despertar de una epifanĂa, la suposición de haber comprendido la dinámica de la casa. Le quedó lo que él dice âuna espinitaâ. Hasta que un dĂa, tiempo después, se lo preguntó: âAntonio, Âżpor qué no salen con Lupita para tener un poquito de intimidad en vez de estar ahĂ con la señora dando vueltas?â.
No era la primera vez que los visitaba ni la primera vez que los encontraba acurrucados en el sillón mirando la televisión. Blas creĂa que su recomendación iba a mitigar el lĂbido de dos adolescentes. Estaba equivocado. No habĂa comprendido la dinámica de la casa: la habĂa interrumpido.
âNo hay problema -le respondió Antonio-. AhĂ es donde mejor estoy con mi chica porque a la noche, cuando la señora se mete a la cocina a preparar la cena, yo me aprovechoâ. La cocina estaba en el fondo y se conectaba con el living a través de un largo pasillo. El sillón ofrecĂa una vista preferencial y anticipada del corredor. Su posición era estratégica. Otorgaba la capacidad de controlar las pulsiones.
Antonio y Lupita tenĂan alrededor de 20 años. Blas no lo recuerda con exactitud. SĂ sabe que él es cinco años mayor que ellos y que habĂa recalado en México cuando tenĂa 25. Cargaba a cuestas sus sueños de ser cantante. Chileno, nacido en ValparaĂso y criado en Viña del Mar, aprendió a tocar la guitarra en su juventud. Por carisma, tenacidad y desfachatez, fue construyendo su perfil artĂstico. Se convirtió en músico.
âEmpecé a viajar por mi paĂs hasta que di el salto a Perú y desde ahĂ me fui a Ecuador, Colombia, Panamá. Me llegó a ir muy bien, llegué a tener un nombre, fundamentalmente en Perú y en Colombia, en otros paĂses pasé desapercibido. Hasta que llegué a Centroamérica. En Panamá trabajé en hoteles de primera categorĂa: me habĂa convertido en un buen showman. Mi sueño era llegar a México porque entendĂ que ahĂ estaba la capital del espectáculo de habla hispanaâ.
En México conoció la adversidad. Recaló el 1 de septiembre de 1973, tras haber recorrido Sudamérica durante 5 años. Le asignó contexto histórico a su relato: âOnce dĂas después de mi llegada cayó el presidente Salvador Allende en Chile por el gobierno militar de Augusto Pinochetâ.
Era un inmigrante ilegal, sin papeles, desamparado a la suerte de su vocación. âFueron años de sufrimiento -dijo-. Costaba mucho trabajar en México como artista porque tenĂas que tener permisos especiales muy difĂciles de conseguir. Trabajé a pirata en provincias, en barcitos, en lugares donde no habĂa mucha vigilanciaâ.
/arc-anglerfish-arc2-prod-infobae.s3.amazonaws.com/public/4AI5LMUAZNHSNGBPLRD5MZO2QM.jpg)
Su rumbo empezó a torcerse tres años después, cuando conoció a un funcionario de la gobernación. Le ofreció protección a cambio de amenizar veladas, bailes, shows. Obtuvo, finalmente, una residencia oficial que repercutió en su estilo de vida: mejores trabajos, mejores lugares para vivir. Su economĂa era precaria. DormĂa en hoteles baratos o en habitaciones de alquiler, y comĂa lo que podĂa y cuando podĂa. El hambre lo dominaba. Por eso, cuando se reencontró con Antonio, no dudó.
Antonio era el hijo de Carmen, la secretaria de Amparito Jiménez, una cantante de cumbia colombiana muy popular. âCarmen era, en verdad, la que la acompañaba y la vestĂa. VivĂamos en el hotel residencial de la hermana del dueño del Club El Tumi, el más famoso de Perúâ, recordó, con un nĂtido sesgo de nostalgia.
En Colombia conoció a su familia y entabló un vĂnculo muy cercano con su hijo, al punto de adoptarlo como una suerte de asistente personal. Blas, que alquilaba un cuartito, continuó rumbo norte persiguiendo su sueño de triunfar en México. âEn ese tiempo de transición de pobre a poder comer con manteca, como dicen acá, me encontré con él. Me contó que se habĂan mudado a México y que estaban viviendo en la mismo colonia, en el mismo barrio. Me llevó a ver a Carmen y reanudados la amistadâ, narró.
/arc-anglerfish-arc2-prod-infobae.s3.amazonaws.com/public/MSZGECLZEVC5HNQVS5MOXTGKYE.jpg)
âUn dĂa Antonio me contó que tenĂa una novia y que un dĂa me iba a llevar a la casa de ella porque vivĂa sola con su madre, que era viuda. Le dije que sĂ porque una comida extra en esa época no me venĂa nada mal. Me llevó a la casa de esta señora, la mamá de Lupita, y empecé a ser un invitado asiduo porque ella cocinaba muy rico y yo le habĂa caĂdo muy bien, la hacĂa reĂrâ.
En una de esas visitas, Blas vio escapar sonrojada y despeinada a Lupita.
Esa indiscreción concibió una canción transgeneracional, un hit sin indiferentes. El sillón añejo y de terciopelo enfrente de la televisión tenĂa los almohadones tibios cuando Blas intervino inoportuno. Se preocupó por una aparente falta de privacidad. Antonio le dijo que no, que no era necesario irse de la casa para eso. La revelación lo guió. Idealizó el vĂnculo y lo convirtió en versos pegadizos. âLa empecé a escribir por ocio, porque tenĂa mucho tiempo libre. Me acuerdo que me preguntaba âÂżcómo empiezo esta canción?â. Tiene que ser jocosa, tener ritmo, tiene que ser para reĂrseâ.
/arc-anglerfish-arc2-prod-infobae.s3.amazonaws.com/public/5I5OGDK6RBHS5HIC533X4UHMGQ.jpg)
Y empezó a elucubrar. â'Yo tengo una prima que se llama Lupita'. Eso era bueno para empezar, era un bonito comienzo. Salió la historia escrita como canción. Era un tema que no significaba nada, una cosa Ăntima, familiar. Cuando la terminé, se las mostré y se murieron de la risa. Y ahĂ quedóâ.
Hasta que un dĂa se encontró con un editor musical. Él era, en verdad, un compositor de baladas. Una de sus invenciones funcionó con el grupo venezolano llamado Los TerrĂcolas. El tema âDeja de llorar chiquillaâ, dedicado a una novia colombiana, lo introdujo en el ambiente. Sus letras hablaban del amor desde el romanticismo. Blas le enseñó sus baladas. El hombre le preguntó si no tenĂa âalgo más entretenido, más movidito, más agradable, más bailableâ.
âSe ve que encontró medio aburridas a mis canciones y se me ocurrió sacar del baúl de los recuerdos este tema. Se lo canté. Me miraba con una cara de extrañeza. Yo pensaba que me iba a mandar al carajo. En un momento me levantó la mano y me señaló con el dedo Ăndice. Yo pensé que me iba a decir âÂżqué estás cantando?â. Pero abrió los ojos y me dijo: âÂĄEso es un hit!â. Paré de cantar y le pregunté, âÂżpero cómo va a ser un hit ésto si es una canción de broma?â. âEso es lo justamente que le gusta a la genteâ", me dijo. Blas se convirtió, de un segundo al otro, en un tropicalista.
/arc-anglerfish-arc2-prod-infobae.s3.amazonaws.com/public/M5XZUK3FEBC3DG2LUGCZCEDN2E.jpg)
/arc-anglerfish-arc2-prod-infobae.s3.amazonaws.com/public/IEA67SYFCRAFHKWWW2FB5FVHQA.jpg)
Fans
Fans